BCCPAM000342-8-20000000000000

ee ee ee nt ? — 220 — vez con el mundo, y hacen.mas cuenta de lo que les sigiere su amor propio, que de las palabras amorosas de Jesucristo? Considera por tanto, cudnto debes 4 este Seiior benig iisimo por haberse quedado en la Eucaristia, para animarte con su presencia 4 desasirte de una vez del mundo, de sus locuras, de sus riquezas vanas y de ti mismo; porque si te vieras solo en medio de tantos enemigos como te rodean, y no tuvieras 4 quien volver los ojos, sin duda serias victima de sus furores: y si no tuvieses tan cerca un amparo tan se- uro, no sabrias 4 donde apelar para salvarte. Mas Seeucviess esté junto 4 ti, esperdndote, llamandote, convidindote con su amor, y ensefidadote las llagas que recibié por redimirte, cuyas cicavrices retiene, para demostrarselas 4 su Padre, y obtener gracia para los pecadores, y para que viendo estos cuén fuerte ha sido el amor de Dios hacia ellos, se decidan 4 sacrificarse enteramente por él. ;Ah! No hay una lla- ga en el cuerpo de Jesus, que no sea una voz elocuente que dice al pecador, que el amor que Dios le tiene es infinito: y no pasa un solo momento, en que Jesus no diga 4 cada uno de los hombres. estas palabras que convidan 4 amarlo: mira mis manos, y da acd tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel. ' Ahora bien, teniendo en Jesucristo un abogado para con su Padre, un defensor contra el mundo, y un amante tan tierno y poderoso, si quieres que él te acoja benignamente, te has de acercar 4 él como aquella pecadora del evangelio. ;Ah! Se veia esta 1 Joan. cap. 20. v. 29. +

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz