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PE OC OLE TET IEFIO EY ET TT Te TE TEE TRF — 214 — todo hombre, justo 6 pecador, mira siempre el porve- nir, no satisfaciéndole lo presente, mas poniendo su vista en lo futuro, y desedéndolo con ansia. No hay entre el pecador y el justo mas diferencia que la de los medios que adopta cada uno para aleanzar su fe- licidad: porque aquel, no pensando sino en satisfacer ‘sus apetitos carnales, abraza las cosas terrenas, en las cuales no hay mas que sombras fugitivas, que no pueden dar satisfaccion y contento al hombre criado para amar 4 Dios y gozarlo, y se halla siempre an- * gioso de otras, no valiendo ya nada las pasadas; y este, teniendo horror 4 las delicias del siglo, y repu- tando por estiércol las riquezas por ganar la posesion de Cristo, no piensa mas que en una cosa, ni desea mas que esta, y es el habitar para siempre en la casa de Dios, y ver 4 cara descubierta su gloria. Quien vive animado de estos deseos, va diciendo siempre con el apéstol: una cosa sola: y es, que olvidando lo que esta atrds, y extendiéndome hdecia lo que estd de- lante, prosigo segun el fin esto al premio de la soberana vocacion de Die on Oriato Jamee ! jAh! ;Qué esperanza tan firme y tan cierta ha de tener el alma que se une en la comunion con aquel, en cuya presencia no hay sombra alguna, y en cuya casa hay abundancia de riquezas, y torrentes de de- licias celestiales, que embriagan 4 los que viven en ella? Porqué siendo la Eucaristia la memoria peren- ne de la bondad divina, no solo recuerda lo pasado, sino que anuncia lo venidero, siendo para quien la recibe dignamente una prenda, que Dios le dé, de los frutos de gozo y de alegria eterna que le reserva 1 Philip. cap. 3. v.13 y 14.

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