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— 2 Considera cuanta es la ingratitud y la inconse- cuencia del cristiano, que pone su corazon en los bienes mundanos, teniendo consigo & Jesucristo, el cual se quedé con nosotros, para que fuese su pose- sion el tinico objeto de nuestra esperanza. Trabajad, decia el mismo, no por la comida que perece, mas por la nece para vida eterna, la que os dard el io del hombre. 1 Y en efecto, una vez obtenida la posesion de Cristo que es el bien sumo, nada nos resta que apetecer, pues nos refugiamos dé aleanzar la esperanza propuesta: * y es tanta la felicidad que nos rodea cuando lo recibimos dentro de nosotros, ue aunque nos hallamos en el destierro de este mun- 0, vivimos como por anticipacion en el cielo, en don- de entré por nosotros Jesus nuestro precursor, s porque estamos asidos 4 Jesus como 4 wna dneora firme y segura del alma. ;O alma mia! Piensa seriamente en este bien que vas 4 recibir, y dite 4 ti misma. ;Qué tienes que ver con la tierra cuando posees el cielo? ,Quién mira las cosas humanas, siendo duefio de las divinas? O Jesus de mi corazon, vos sois todo para mi: vos sois mi descanso, mi seguridad, mi gozo, mi esperanza y mi alegria: vos sois las riquezas que me bastan, mi protector, mi defensor, mi refugio, mi fe, mi esperanza, mi caridad para siempre. ¢ PUNTO SEGUNDO. No transcurre un solo momento de la vida huma- na que no yaya acompafiado de la expectacion de otra mejor y mas excelente que la presente: porque 1 Joan. cap. 6. v. 27.—? Hebr. cap. 5. v. 18.—® Ibid. cap. 6. v. 20.—4 Orat. 8. Francis. Asissi. Pee
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