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— 212 — dice que se ha de unir para siempre en abrazo inter- minable, por habérselo prometido Dios 4 los que lo aman. ;Qué impresion haré en una almg de este tem- ple la pérdida de las cosas visibles? Por mas que las desgracias se sucedan con rapidez, nada le arrancaré la paz del corazon, conguiulion siempre con la es- za de la dicha interminable, como lo hacia To- fas cuando decia 4. su hijo estas palabras: no temas hijo mio: es verdad que pasamos una vida pobre: mas tendremos muchos bienes, si temiéremos & Dios. ! Mira por tanto, alma cristiana, qué bondad es la de Dios: si comparamos las substancias terrenas con las celestiales, ni aun merecen aquellas el nombre de bienes, atendido que suelen ser ocasion de males sin nimero: y ademas les vienen & los hombres con tan- ta desigualdad, que unos tienen mucho, otros poco, siendo casi innumerables los que no tienen nada. Pe- ro no acontece lo mismo en cuanto 4 bienes celestia- les; porque, queriendo Dios enriquecernos 4 todos con igualdad perfecta, envié6 al mundo 4 su Hijo; y este no solo abrié los tesoros de las riquezas del cielo, sino que se dié 4 todos y 4 cada uno de los hombres en el conyite ce jAh! Aqui no hay desigual- dad; elrey cubierto de pfrpura y brocado, y el principe coronado de Sesibetiig se sientan con el po- re, y con el desvalido, el sabio con el ignorante, y el noble con el plebeyo, haciéndose indistintamente 4 todos la misma donacion. Si alguno se ve privado de ella es el hombre altivo y orgulloso: pues Dios Uend de bienes & los hambrientos: y dejé vaciosyd los ricos. 2 1 Tob. cap. 4. v, 23.—* Luc. cap. 1 v, 53,

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