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nee. DR acs sus olas! y la de tocar 4 un muerto para que vuelva 4 la vida + al Jado de esta en que se da al hombre el _ criador de los cielos, de los mares, de los peiiascos, - y del hombre, el que es la vida, la resurreccion, y in inmortalidad? Penétrate pues, alma mia, de un ~ santo terror, temiendo que no recibas en vano tanta gracia de Dios; y para evitar una desgracia tan irre- ble, hamillate sin cesar ante el acatamiento vino, confesando tu nada y miseria, y pidiéndole que no te abandone jamais. — PUNTO SEGUNDO. La caridad infinita, que condujo 4 Jesucristo has-~ ta la cima del Calvario con el fin de merecernos las gracias necesarias para salvyarnos, era bastante para que todos los hombres le correspondiesen con un amor acendrado: pero el haberse quedado en la Eucaristia para darnos desde alli estas mismas gracias, acrecien- ta hasta un grado infinito los motivos que tenemos para amarlo. En otro om una alma desolada y afligida iba llorando por calles y plazas en busca de su amado; y no encontréndolo, preguntaba 4 todos que le mostrasen dénde habitaba este, y le suplicaba & él mismo que le dijese dénde sesteaba con sus cor- deros, para no tenér que andar de majada en majada indtilmente. s ;Ah! En esta alma estaban represen- tados todos aquellos justos del testamento antiguo, que vivian en la expectativa del Salvador, y no lo veian llegar por mas que suspirasen: mas, jcudn di- \ Exod. cap, 14. v. 21.--2 49 Reg. cap. 13. vy. 21.—5 Cant. cap. 5. v. 5.

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