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on A ferente es la suerte “ nos ha cabido 4 nosotros? Desde que el Hijo de d6 con nosotros en la Eucaristia, han desa do las ansiedades sobre el parage donde est& nuestro amado, y se han concluido las fatigas para buscarlo, no halléndose distante de cada uno de nosotros. Quién buscar4 la gracia necesaria para reprimir el Saale de las pasiones, y extirpar los vicios, y no la hallaré? ;Quién la pediré con humildad 4 Jesu- cristo y no fa obtendra, siendo asi que él mismo nos da muchas que no le pedimos? ;Quién lo recibira dig- namente, sin advertir en su alma una mutacion de vida, qne va siendo cada dia mas conforme al espiri- tu de Jesucristo? La comunion frecuente va amor- tiguando poco 4 poco los ardores de la concupiscen- cia, destierra del alma el amor del mundo, inspira desprecio de sus vanidades, engendra fastidio de las cosas de la tierra, é inflama el corazon en deseo de poseer las celestiales. Porque en verdad nuestro Dios es fuego consumidor; 1 y no es posible recibirlo den- tro de si mismo sin que se sienta su divina presen- cia: y siendo él santo, inocente, inmaculado, humilde, manso, y misericordioso, j;cémo ha de entrar en el hospicio de nuestro corazon, sin que imprima en él la pureza, engendre la castidad, produzca la humil- dad, nos comunique la mansedumbre, infunda la ca- ridad, establezca la paz, y convierta nuestras entra- fias en entrafias de misericordia? Considera que juicio tan terrible te aguarda, si por no haberte humillado ante Jesucristo, no has recibido las gracias necesarias para cumplir con tus obligaciones cristianas, 6 no te has aprovechado co- -—— 1 Hebr. cap. 12. v. 29. ios se hizo hombre, y se qu *
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