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EEE — 205 — deleites carnales, el lujo y la presuncion, y tomando nuestra cruz para marchar detras de nuestro condue- tor y cabeza al combate con el enemigo. ;Qué ade- lantamos con que Jesucristo haya derramado su san- e para santificarnos, si nosotros no nos acercamos Z ronibir el baiio que nos da la vida eterna? ;Qué importa que ¢l haya conseguido victoria sobre el mundo, si nosotros no queremos combatir con él? O Jesus mio, huiré del mundo, 4 quien habeis vencido, para merecer con vuestra gracia ser del nimero de aquellos, que lavyaron sus estolas, y las blanquearo en vuestra sangre. i iBT » DESPUES DE LA COMUNION, ‘i Jesucristo nuestra gracia en la Eucaristia. La gracia de Dios y el don, por la gracia de un solo hombre que es Jesu- cristo, abundé sobre muchos. Rom. cap. 5. v. 15. PUNTO PRIMERO. Nada debe de desear el hombre con tanto ardor en este mundo como la gracia de Dios, y nada debiera buscar con mayor conato: porque poseyendo este don precioso, es dichoso y feliz, aunque sea el mas pobre de todos los hombres en bienes temporales: y si se encontrare sin aquel tesoro, sera un miserable, cuita- *

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