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ag 4 la justicia divina, y santificar 4 todos los hombres, no lo era para satisfacer las exigencias de su amor hacia nosotros. Para que su corazon quedase satisfe- cho, fué preciso que instituyese el sacrificio en el cual se habia de renovar cada dia misticamente su acerba pasion, pues de este modo descenderian perennemen- te sobre la humanidad los cinco rios de sangre divi- na que la lavaron, y habria hasta el fin del mundo la Sik de aguas vivas que saltarian hasta la vida eterna, y estaria manifiesta dla casa de Davidy d los _ habitantes de Jerusalen para la ablucion del peeado. : jAh! Cuando tenemos la felicidad de recibir & Jesu- cristo, esta sangre preciosa riega nuestros labios, ba- fia nuestra lengua, inunda nuestro corazon, y santi- fica nuestro pecho. Todo esto hace Jesucristo para darte la santificacion: pero jestds ta santificado? Considera pues, lo mucho que debes 4 Jesucristo: si 61 no te hubiese santificado, serias aun esclayo de los vicios, de la lujuria, de la embriaguez y del de- monio: si no te hubiera sacado con mano compasiva del lodazal de los pecados, serias quizas ya victima de las llamas eternas. Tu deuda con Cristo es por tanto infinita, y nunca tendrds caudal en ti mismo para pagfrsela: pero este amable Redentor se con- tenta con que le des tu corazon, y le imites en lo que él hizo para santificarte. ‘Ah! Para santificar 4 su pueblo por su sangre, Jesucristo padecié fuera de la puerta: * si nosotros hemos de coger el fruto de nues- tra santificacion en la sagrada Eucaristia, es preciso que salgamos d él fuera de los reales Uevando sus im- properios, despreciando las pompas mundanas, los 1 Suctiegee 2. v. 1—* Hebr. cap. 13. ¥. 12.

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