BCCPAM000342-8-20000000000000
+ ae PUNTO SEGUNDO. af abe Jamas hubieran podido los hombres producir una. flor de virtud, ni dar frutos de santidad, si no hubie- sen sido regados con la omer de Cristo, pues era esta aquella fuente que Joél vid salir de la casa del Sefior, y regar el torrente de las espinas.: Y tan pronto como las almas recibiesen este ri celestial, serian como oliva fructifera en la casa de Dios,» aun- que antes hubiesen sido mas dridas que las zaraas de un pedregal, y mas infeeundas que los. j una 4spera ladera. Si fueren vuestros pecados como la grana, habia dicho Dios por Isafas, serdn emblanqueci- dos como la nieve: y sifueren rojos como el carmest, se- rdn como lana blanea. » Y era esto lo que Jesucristo tenia en su mente pocos momentos antes de entregarse 4 la potestad de las tinieblas: porque orando 4 su Padre en presencia de sus discipulos, le dirigia estas: tiernas y amorosas palabras: por ellos me qeais yo en sacrificio d mi mismo, para que ellos sean santifica- dos en verdad. 4 Es inefable la dignacion con que Jesucristo derra- m6 su sangre por santificarnos: pero excede toda ponderacion el modo que inventé su infinita caridad, para perpetuar en la tierra el sacrificio, en que gané nuestra santificacion. Porque laceradas sus carnes4 fuerza de azotes inhumanos, y taladradas con duros clavos sus manos y piés, sali6 de su cuerpo un dilu- vio de sangre bastante para lavar la tierra, los astros y el mundo; y esto que era suficiente para satisfacer 1 Joél cap. 3. v. 18.—? Psalm. 15. v, 10.—® Isai. cap. 1. v. 18: 4 Joan. cap. 17. v. 19. e 2
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz