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— 197— PUNTO SEGUNDO. Es Jesucristo la resurreccion y la vida, y quien creyere en él, aunque estuviere muerto, vivird:! pero por mas que sea ¢1 la vida indeficiente, no podremos tenerla nosotros, si no comiéremos su carne y bebié- remos su sangre. : ;Ah! Andan los hombres afanados é inquietos en este mundo, viviendo siempre con agi- tacion, y durmiendo siempre con zozobra: y todo ese movimiento no tiene otro objeto mas que buscar lo necesario para vivir con regalo, 4 fin de prolongar la vida cuanto les sea posible. ;Hombres mi les! Ese mismo alimento que toman cada dia, va desgas- tando poco 4 poco las fuerzas de Ja misma naturaleza que se nutre con él: y aquello mismo que es un medio para vivir, viene 4 ser una causa para ir abriendo el camino de la muerte. “Buscan los hombres en su “refeccion no tener hambre ni sed: mas ninguna co- “mida, ni ninguna bebida puede producir estos efec- “tos sino aquel pan y aquel c&liz que Jesucristo da “4 los hombres, pues hace inmortales ¢ incorrupti- “bles 4 los que participan de ellos dignamente.’’s Cuan vigorosa y lozana sea esta vida que nos vie- ne de la participacion del cuerpo y de la sangre de Jesucristo, nos lo declaré é] mismo, cuando dijo estas palabras: ast como me envié el Padre viviente, y yo vi- vo por el Padre: asi tambien el que me come, él mismo vivird por mi.* ;O vida verdaderamente inefable é imperecedera! Asi como el Padre que es esencialmen- te la vida, da al Hijoen la generacion eterna la vida 1 Joan, cap. 11. v. 25.—* Ibid. cap.. 6 v. 54—* Div. Agust. Tract. 26 in Joan.—! Joan. cap. 6. v. 58. | | ical
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