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— 198 — ue este tiene; asi tambien quien come el cuerpo de esucristo, recibe de él una yida divina é inmortal, concediendo al hombre que tenga por gracia aquella inmortalidad, que él tiene por naturaleza. Por lo tan- to, siendo esenciales al Hijo de Dios la pureza y san- tidad, y separdndolo infinitamente de nosotros la inocencia 6 incorruptibilidad que le son innatas, jqué vida tan pura, qué estola de inocencia tan blanca, y qué santidad tan consumada no ha de adquirir quien tenga la dicha de hacerse una misma cosa en espiri- tu con Jesucristo en el sacramento, que es simbolo de unidad y vineulo de caridad? Pero piénsalo bien, alma cristiana: Jesueristo no te dar& esta vida, si no vivieres de su espiritu y no fueres miembro de su cuerpo mistico por la fé y la caridad. Nosotros, dice el apéstol, no hemos recibi el espiritu del mundo, sino el espiritu que es de Dios: si seguimos los deseos del siglo vano y los dictémenes de la ciencia carnal, no podremos adquirir la vida del espiritu de Cristo, aunque recibamos su cuerpo y su sangre en el sacramento: porque la ciencia de la carne es enemiga de Dios; + mas si detestamos el sa- ber mundano, y abrasados nuestros corazones en amor de Jesus, nos acercamos 4 recibirlo, jah! qué dicha tan indecible! Enténces viene este 4 nosotros con rostro alegre y apacible, nos bafia con los res- plandores de su luz como el sol de justicia, nos da calor y vida, y est& en nosotros, y nosotros en él. O amable Jesus, jc6mo habeis tenido la dignacion de venir 4 mi? ;A mi, 4 quién tanto arrastran las vanidades del mundo? Pero, basta Sefior, de ingra- 1 1° Cor. cap. 2. v. 12.—* Rom. cap. 8. v. 7.

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