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—- 106 + bres diciéndoles con carifio: venid, comed mi pan, y bebed el vino que os he mezelado. 1 jOh alma cristiana! ;Podrds fijar tu vista en este heroismo de la caridad oe Jesucristo, sin que desees unirte con él, y te inflames en las llamas de su amor? No le basté hacerse hermano tuyo, tomando tu na- turaleza: se hizo madre tambien, que engendra y nu- tre & los hijos que ha concebido: se hizo mas que ma- dre, pues estas 4 las veces dan 4 otras 4 criar los pro- pios hijos, mientras Jesucristo da su misma substancia & los que él ha engendrado, robusteciéndolos con su propia carne, d&ndoles vigor y lozania con su sangre, é incorpordndolos 4 si mismo, y haciéndolos sus con- sanguineos. * Considera pues, que quien recibe 4 Jesucristo, no debe tener otra vida sino la del Hijo de Dios: porque asi como quien derrite un pedazo de cera, y lo agrega 4 otra cera derretida, hace de las dos ceras una sola, asi quien recibe el cuerpo y la sangre de Jesucristo, ha de unirse tan intimamente con ¢1, que Cristo more en él, y él en Cristo. + ;Qué debes inferir de aqui, alma cristiana, sino que has de tener un mismo corazon, un mismo espiritu, un mismo deseo y una misma voluntad con Jesucristo, ee que lo tienes dentro de ti? O dulcisimo Jesus, vos abeis preparado vuestra mesa delante de mis ojos contra todos los que me atribulan: yo no deseo, Sefior, mas que una cosa, y es recibiros dignamente, para ir algun dia 4 sentarme en el convite eterno, donde vuestras delicias inundan como un torrente 4 los mo- radores del cielo. 1 Prov. cap. 9. v. 15.—* Div. Cyrill. Jerosol. Catech. Mystag. 48—# Div. Cyrill. Alex. lib. 4. in Joan. cap. 17. 2
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