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— 193 — ben indignamente 4 Jesucristo. ; Ah! Estos ia- dos no se levantan de la mesa del Sefior respirando fuego de amor, como aquel que despues de haberlo ~ recibido lavado y limpio, decia que estaba pronto& ir con el mismo Jesus d la edreel y d la muerte. 1 Lejos de eso salen endurecidos en la maldad, como el otro discipulo desventurado, que no se hizo total- mente esclavo de Satands, sino en el momento en que comié el pan con disposiciones perversas. * Entre por tanto, dentro de si toda alma, y tema caer en igual ejemplo de incredulidad y endureci- miento: porque Jesucristo es siempre bueno, pio, y misericordioso, y aun ejerce su bondad con aquellos mismos que lo ultrajan, pues vemos que dié al discf- pulo traidor el nombre de amigo, para ablandar su corazon y atraerlo 4 sipor amor: s vemos todavia que hizo mas, “aplicando su boca divina, en la cual “no se hallé engafio, 4 la hedionda y abominable del “traidor, llam&éndole amigo para ver si heria el co- “razon impio con esta flecha tan fuerte de amor.” « Pero, jah! todos estos esfuerzos del amor divino fueron iutilizados por la dureza de corazon ya con- sumada, y losuelen ser en todos los que imitan 4 este discipulo aleve, porque el impio despues de haber Uegado al profundo del pecado, no hace caso, mas le sigue la infamia y el oprobio. s O Jesus de mi cora- zon, jqué seria de mi que soy el mas inmundo de todos los pecadores, si vos no fuérais tan benigno? Mil veces hubierais huido de venir 4 uniros con una alma tan dura como la mia; pero ya que me ha- beis disimulado tantas infidelidades, y os dignais en- 1 Luc. cap. 22. v. 23.—3 Joan. cap. 13. v. 27.—®% Math. cap. 36. v. 50.-4 Div. Bern. Serm. de Pass. Dom.—§ Prov: c. 18. v. 3.

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