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mismo que ha venido al mundo para que los hombres tengan vida, y la tengan en abundancia. | Es por tan- to un portento inconcebible que precisamente se muera el hombre, cuando la vida entra en él. Pero, jah! no es ya un portento: porque no sobreviene la muerte al que recibe indignamente al Seiior, sino la confirmacion de la misma muerte, pues muerto como estaba al llegarse al manjar de la vida, es él mismo quien se suicida de nuevo, sellando los pecados an- teriores con el crimen sacrilego que ajiade. = no se horroriza al ver lo que enténces hace el peca- dor? Hdcese reo dela muerte del Seftor como si lo hubiese muerto, y como si hubiese derramado su sangre: infiere violencia al cuerpo del Senor, y peca contra él con sus manos y con sus palabras. * No es pues muerte del alma, 6 veneno dela vida el dulcisimo Jesus: mas, lejos de causar la vida 4 los que se atreven 4 aposentarlo dentro de si mismos, cuando su corazon es el receptdculo de los monstruos del infierno por el pecado, se dan ellos 4 si mismos una muerte doblada, porque no apreciando en nada el bien infinito y sumo, no discerniendo el pan de los Angeles de los otros manjares, y despreciando tan vilmente el acto mas herdico del amor divino, cometen el mismo atentado que aquellos, que volvie- ron en instrumento de su ruina y condenacion al que daba su sangre por salvarlos: aquellos malvados gri- taron llenos de furor, que cayese sobre ellos y sobre sus hijos para siempre la responsabilidad de aquella misma sangre que era vertida por redimir 4 todo el linage humano, » y otro tanto repiten los que reci- } Joan. cap. 10. v. 30.—* Div. Ciprian. Serm. de Laps.— § Math. cap. 27. v. 25.

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