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— 191 — an Considera qué venganza tomard el Sefior 4 su tiempo de semejante impiedad. Hs horrenda cosa caer en las manos de Dios; ' porque si castigs con tanta severidad al temerario que no siéndole licito toed el arca santa, 2 que no era mas que una figura de la Eucaristia, ;qué terrible y airado no se mostrard con el que lo hizo vivir dentro de si con los demonios de los vicios? ; Ah! Hablando de estos monstruos de ini- quidad, dice el Sefior estas palabras: yo seré para ; ellos como leona, como leopardo en el camino: los asal- * —taré como o8a, d quien han robado sus cachorros, y romperé lo interior de sus entraftas. s ;Ah, alma eris- tiana! Piensa sin cesar que la victima de la cruz te salva de la muerte eterna: pues aunque Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no puede morir porque vive inmortal en si mismo, se ofrece sin | embargo cada dia por tu salud en la Eucaristia: mas, si ésta victima ha de ser de vida para ti, es preciso que ti te sacrifiques toda entera en las aras de su amor, y te acerques 4 su divino Consorcio estando muerta al mundo y al pecado. O Dios, os ofrezco mi vida, para que mela quiteis mil veces, antes que tenga yo la desgracia de no abominar el pecado, y de no limpiarme de toda culpa antes de recibiros. PUNTO. SEGUNDO. Siendo como es Jesucristo el pan de vida gue,baié del cielo, y no queriendo la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, no puede él por su parte ser la causa de la muerte del alma, cuando dice él 1 Hebr. cap. 6. v. 3I1.—* 2. Reg. cap. 6. v. 7.—* Ose. cap. 13. v. Ty 8.

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