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— 175 — : i ; + sane PUNTO SEGUNDO. gprs No hay capacidad en todas las criaturas raciona- les € invisibles, para ponderar los grandes € inefa- bles motivos de esperanza, que Jesucristo nos dejé, al instituir el sacramento del altar: pues aunque se encuentre alli como juez, es exorable y benigno para todos, no pudiendo todas las iniquidades de los hom- bres agotar los tesoros de su misericordia, y acor- dandose él de estas, aun cuando se halle airado. 1 jAh! El que ha de pronunciar la sentencia contra el pecador, es el mismo que dié su vida por salvarlo, y esté rogindo siempre 4 su Padre por nosotros: y por lo mismo, aunque estuviera el pecador cargado con una mole de pecados tan grande como el mundo, nada tiene que temer con tal que contrito y humilla- do vaya 4 Jesus: pues los pecados aunque excedan en nimero 4 las arenas del mar, tienen término y me- dida, mientras que el amor y la misericordia de Dios son inmensos € infinitos. ;Porqué temeré? ‘“;Cémo “eondenara al penitente, el que murié por salvarlo? *;Cémo desecharé al que viene 4 sus piés, cuando baj6 él del cielo para buscarlo? = ;O bondad de Jesus! Mientras podamos postrarnos delante del que nos ha de juzgar, y aplacarlo con obras dignas de peniten- cia, nadie podré arrancar de nuestros corazones la esperanza de nuestra salvacion, 4 que nos llama nuestro mismo juez. ; Sabiendo el profeta que cuando el hombre sea lamado al tribunal de Dios para ser juzgado, se ha- 1 Habac. cap. 3. y. 2.—* 8. Thom. a Villan.

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