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— 176 — de mostrar este terrible é inexorable, le suplicaba con humildad que no en en juicio con é1; porque ningun viviente, decia, sera justificado en tu presen- cia, 6 Seftor. 1 Y jcon cudnta razon pedia 4 Dios esta gracia? Hasta las obras buenas han de entrar en la balanza de la justicia eterna, y han de ser escu- drifiadas 4 Ja luz de la razon divina, y por eso el santo Job compungido y lloroso exclamaba diciendo: gQuién soy yo, para responder 4 Dios? Pues aunque tuviere algun rastro de justicia, no responderé, sino que rogaré d mi juez. + Hé aqui, alma cristiana, co- mo aquellos justos tenian traspasada su alma con los clavos del temor del juicio severo por donde habian de pasar: y aunque no tenian la dicha de contemplar tan de cerca como ta 4 su juez, su memoria no se separaba jams de aquel momento en que lo verian cara 4 cara. all Considera por tanto, cudénta es la caridad de este juez benignisimo, que no solo te espera, sino que desde la Eucaristia te llama y convida con miseri- cordia; yo soy, dice 61 al pecador, juezy testigo: » si te apartares del mal que cometes, yo tambien me apar- taré de enviarte los males que tenia pensado hacerte. « ¥ en efecto,si nuestro bios ve como testigo el dolor de nuestros corazones, las lagrimas de nuestra penitencia, y las obras satisfactorias con que procu- ramos aplacar su justa indignacion, ;c6mo nos sen- tenciar4 y castigaré como juez? Si hemos pecado, ha sido porque por nuestra desventura dimos 4 la cria- tura el honor que era solo propio del Criador: mas si nos humillamos pidiendo gracia y misericordia, 1 Psalm. 142. v, 2.— Job. cap. 9. v. 14 y 15.—* Jerem. cap. 29. v, 23,—4 Ibid. eap. 18. v, 18. * J

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