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Soe ee ere ke ne | eit acteatblleitecs hihi Me BC S55 A — 174 — Quién eree en mi, dice el mismo juez, no es juzgado: mas el que no cree, ya ha sido ji : 1 y del mismo modo sucede al que no recibe al Sefior dignamente: porque el que come y bebe indignamente, come y bebe su prepis juicio. + jO profundidad de las riquezas de la misericordia de Dios! Pero, ;6 piélago insondable é inmenso de su verdady de su justicia! Un temor santo debe traspasar nuestra alma, al considerar que aunque en el sacramento del altar existe el cordero de Dios, euya sangre habla mejor que la de Abel, s es sin em- bargo el mismo que ha de venir algun dia con glo- ria y majestad: y causaré enténces su vista tanto terror en los que han abusado en la tierra de las ri- quezas de su amor y de su longanimidad, que grita- tarfn desesperados, diciendo 4 los montes; caed sobre nosotros, y escondednos de la ira del cordero. + Cuanto mas pensemos en la benignidad de Dios, tanto mas obligados nos veremos 4 considerar nuestra indigni- dad, y esto engendrard en nosotros un temor saluda- ble, que nos estimule 4 vivir santamente: porque “la “misma fe, que nos dice que Dios es Padre de mi- “sericordia y Dios de consolacion, nos ensefia, que “es Sefior de las venganzas, juéz justo, y terriblen “sus consejos.” * O amable Jesus, yo o adoro como 4 mi Dios y Sefior, y os reconozco-por mi juez, que habeis de examinar las obras malas, y las buenas. Concedeme, Sejior, que mi corazon se abrase todo en vuestro amor, para que cada vez que tenga la dicha de recibiros, mi nombre quede escrito en el libro de la vida. Asi sea. 1 Joan. cap. 3. vy. 18.—* 1. Cor. cap. 11. v. 29.—* Hebr. cap. 12, v. 24.—4 Apoc. eap. 6. v. 16-5 Div. Ber. Serm. 16. in Cant.
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