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; — 1738 — tenga él tanto honor en la naturaleza humana, como ae lo tienen en la divina: : mas con todo; Jesu- cristo permanece en la Eucaristia de una manera in- visible, queriendo que veamos en é1 con los ojos de la fe al cordero de Dios, y al abogado de los hom- bres, 4 quienes convida con misericordia 4 la contri- cion y al perdon: y es tanta su benignidad para cuantos se acercan & él con corazon contrito, que a que se olvida de que es el juez de vivos y e muertos. Pero aunque este juez de todos los hombres no aparezca con aquella gloria y magestad en que se ha de dejar ver al fin del mundo, ni lo veamos sentado visiblemente en el trono resplandeciente, de cuya presencia han de huir las islas del mar, y se han de esconder los montes, * no por eso deja de juzgar y pronunciar sentencia contra los malos. Es cierto que vive con los hombres como rey benigno y pacifico: pero siendo todos los caminos del Seftor misericordia y verdad, s nadie puede ser participante de su pie- dad amorosa, sin que sean tambien pesadas sus obras en la balanza de la justicia. ;Ah, con cuénta deten- cion no debiéramos meditar esta verdad, antes de acercarnos 4 la sagrada comunion! Cuando recibimos 4 Jesucristo, si lo hacemos dignamente, el juez justo nos prepara la corona de justicia que merecemos al realizar esta union portentosa del mismo juez con quien lo recibe: ms, si no nos hemos probado antes, y nos acercamos indignamente al consorcio de la santidad infinita, la sentencia de condenacion es pro- nunciada al instante. Mas, jquién la pronuncia? Joan. cap 5. v. 23.—2 Apoe. cap. 16, v. 20,—® Ps. cap. 24. y. 10.
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