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° aes PUNTO SEGUNDO. Habiendo Dios adoptado 4 los hombres en su Hi- jo Jesucristo, los hizo sus herederos, con tal que se asemejasen 4 aquel teniendo sus virtudes, y confor- mandose con él en sus sentimientos: y para que con- siguiesen esta dicha, no cesé este mediador de ensefiarnos 4 todos, que tuviéramos aquella caridad en la cual esta fandada la paz verdadera. ;Ah! To- das las acciones y palabras del Salvador se dirigian 4 dar gloria 4 su Padre, y 4 procurar al mundo la paz verdadera: y comd yenia del cielo 4 darla al cielo mismo, 4 la tierra, 4 los &ngeles y 4 los hom- bres, apenas se dej6 ver entre estos, mandé 4 los espiritus soberanos, que la publicasen al son de sua- visimas voces, cantando y diciendo: gloria d Dios en _ las alturas, y en la tierra paz & los hombres de buena ~ voluntad. 1 Y cuando él mismo se retiraba del con- sorcio visible de sus discfpulos para volver 4 su Pa- dre, no les dej6 otro bien sino su paz, diciéndoles: os dejo mi paz, 0s doy mi paz. * jO hombres afortuna- dos! ;Para qué querian mas bienes, si Jesucristo les dejaba aquella paz que sobrepuja todo entendimiento? s No hay lengua de fngel que pueda alabar digna- mente al Sefior por este rasgo desu amor infinito hacia los hombres: porque, para que tuviéramos esta paz, se queddé con nosotros el mismo dador de ella, no pudiendo quitérnosla nadie, porque ninguna cria- tura nos podrd apartar del amor de Dios, que es Je- sucristo nuestro Sefior; s y ni la vida, ni la muerte, 2 Lue. —- 2. v. 14.—* Joan. cap. 14. v. 27.—3 Philip. cap. 4. v, 7.—4 Rom. cap. 8. y. 39.

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