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~~ ni lo presente, ni lo pasado, ni lo futuro podra ven- cer & los que él viste con el coselete de justicia, ni ‘turbar los corazones sobre los cuales derrama la_ paz como un rio caudaloso. Pero debemos tener presen- te, que no hallaremos esta paz, si tenemos la arro- ncia de confiar en nosotros mismos, 6 en los hom- res, pues Dios guardaré la paz 4 los que esperan en él: 1 ni tampoco la conservaremos, si no conforma- mos nuestra vida con la de Jesucristo, vivieudo en mansedumbre y humildad, porque el fruto de las buenas obras y de la justicta es la paz. = Mas, jquién serf tan insensato, que recibiendo dentro de si al que no respira sino paz y caridad, busque en las cosas caducas la dicha y ventura, dejando el oro por el estiércol, la luz por las tinieblas, y la serenidad por la tempestad? O dulcisimo Jesus, mil veces he experimentado en mi mismo que la paz no se encuentra sino en vues- tro amor, en el cumplimiento de vuestros preceptos, y en la observancia de vuestras leyes: pues cuando me separaba de este camino, la paz huia de mi cora- zon, sobrevenian la turbacion y los terrores, y me envolvian las tinieblas y las sombras de la muerte: pero tan. pronto como me llamasteis, Sefior, y me trajisteis 4 vos con vuestra gracia y me inspirasteis el desprecio del mundo, parecieron viles 4 mi corazon las cosas de Ja tierra, y nacieron de nuevo en mi la paz y laserenidad. ;O Sefior! Siendo vos quien me la habeis dado y cubriéndome siempre vuestra virtud, podré decir con la esposa de los cantares: yo soy mu- ro contra las asechanzas del mundo, y mi pecho como 4 Isai. cap. 26, v. 3.—? Ibid. cap. 32. v. 17. ke
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