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— 163 — perpetuamente el abogado de los pecadores en pre- sencia de su eterno Padre? Desde aqui habla 4 todos los hombres el amable Jesus, diciéndoles: venid 4 mi cuantos estais afligi- dos: 0s doy mi paz: no os la doy yo como la da el mun- do, 1 que pretende hallarla en la posesion y fruicion de los bienes terrenos, sino aquella que llena los co- razones de una dulzura celestial y les da una calma inalterable: calma que producen en ellos la observan- cia de mis preceptos, la conformidad omnimoda con mi voluntad, la verdadera humildad con que se adora 4 mi Padre en espiritu y verdad. ;Ah! Jesucristo dié & sus apdstoles como prenda de su amor su propia paz: la cual no habia de ser turbada por ningun temor, ni ningun llanto, ni ninguna desgracia, y habia de ser tan estable y segura, que no solo expeliese de sus corazones la tristeza y el temor, sino que enjendrase en ellos un gozo espiritual superior 4 todo gozo sen- sible. Por lo que, habiendo ta recibido dentro de ti al pacificador del cielo y de la tierra, jcuan abun- dante ha de ser la paz de tu corazon! ;Qué Iéjos han de estar de é1 las turbulencias del mundo! ;Qué poco lo han de mover los adversarios de la tierra! Pero advierte, que para que Jesucristo te dé su paz, te has de volver para con éllo que es un nifio para con su padre, 4 quien ama exclusivamente, y de quien depende en un todo. Solo los humildes hallan paz en Jesucristo, porque este es para ellos su padre, su hermano, su amigo, su Dios, su todo. 1 Joan. enp. 14. v. 27. = oo

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