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vies. BO evita, impide la Iegada de los males, ahuyenta los daiios, rompe los lazos, inspira terror al enemigo, alumbra el camino, fumenta nuestras fuerzas, conser- va nuestra robustez y al fin de la carrera nos pone en la puerta del cielo: por eso cuando nosotros no podemos ir 4 buscarlo 4 él por hallarnos enfermos, viene él 4 visitarnos para que en los peligros extre- mos, que son mas graves que todos los demas, oiga- mos resonar en lo intimo de nuestras almas su voz dulcisima que nos dice, que no temamos pues él es- t& con nosotros; y si el enemigo nos quiere inducir 4 la desesperacion trayendo 4 la memoria la muche- dumbre de nuestros pecados, ¢1 est&é consolando nues- tra alma y diciéndola: no temas, porque te he redimi- do, mia eres té. 1 O Jesus mio, concededme, que toda mi vida sea una preparacion continua para la muerte, y no permitais, que yo pase de ella 4 la otra, sin recibiros con lagrimas de dolor y con gozo de espis _ > ritu en mi tiltima enfermedad. PUNTO SEGUNDO. Al recorrer el camino del cielo, no es de menor interes para nuestra seguridad el pensar que Jesu- cristo nos acompatia, como el tener siempre presente lo que él hizo, cuando anduvo este camino que lle- vamos para llegar al término por las ensoniie Wadia que nos dejé sefialadas: porque en vano vendria Je- sucristo en nuestra compaiiia, si no oimos lo que él nos dice, ni queremos imitarlo en sus acciones. Con- templemos por un momento cémo llegé Jesueristo 4 la gloria eterna: se humillé d st mismo hecho obedien- te hasta la muerte y muerte de eruz; + pasé su vida 1 Tsai. cap, 43, v, 1.—? Philip. cap. 2. v. 8. &
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