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aa | es como voslo mereceis y perseverar para siempren vuestra amistad. PUNTO SEGUNDO. Son tantos y tan grandes los portentos que Jesu- cristo ha hecho para manifestarnos su amistad, que no bastan todos los dngeles para comprenderlos: ae te desde | «siendo nosotros enemigos de Dios por el pecado, no mereciamos ser amados, y «con todo esto él, no solamente nos amé con un afec- «to de misericordia y compasion, sino que “_— «su vida por los impfos, para que se hiciesen di «de su amor.» 1 ¥ apenas reeoncilié 4 los hombres en el de su carne * muerte para presen- tarlos y sin man hacerlos amigos su- yos por la ¢ Lik sellé su ahead con un rasgo de generosidad, ; que solo podia salir del corazon de un ios: porque una vez limpios de pecado por los | ritos de su muerte, se nos dié en convite, para que nos deleitésemos en su amistad, nos recreaésemos en su suavidad, y nos uniésemos 4 él hasta el estremo de ser él y nosotros una misma cosa. ;Ah! Dios es ctertamente grande, y sobrepuja nuestro saber; 3 pero, en este prodigio de amor parece que quiere sobrepu- jarse & si mismo. mo tiene mayor amor que este, dice el mismo Jesucristo, gue es poner su vida por sus nud en efecto, en el heroismo del amor, algu habré, que se atreva 4 morir por un he m as Div. Agust. ser. 142 de verb. Evang. S. Joan cap. 14.— 2 Colos. cap. 1. v. 22.—® Job. cap. 36. v. 26.—4 Joan cap. 15. vy. 13. *
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