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> sucristo no encontré en la tierra ni un solo amigo, ni un solo justo, pues todos éramos enemigos suyos y pecadores, y siéndolo, hemos sido reconeciliados con Dios por su muerte. 1 ;N6 era esto ya el heroismo del amor de Dios para con nosotros? ?N6 habia bas- tante 1e nosotros nos derritiésemos en amor hacia una = ridad semejante? Entre tanto, el amor de Jesus no ath ptintache, hasta que no se nos diese en la Eucaristia, no solo para que lo améra- mos, sino para que lo comiéramos, y lo goz4ramos. _ jAh! jce6mo Mamarémos este exceso de amor? Morir ot sus amigos es el heroismo del amor entre los ombres: morir por sus enemigos, es un misterio de la caridad infinita, que la razon humana no podia llegar 4 rastrear, siendo tan grande el que moria, y tan viles los enemigos, por quienes daba su vida: ro jcoronar este favor herdico infinitamente con el e darse en comida y bebida 4 los que ha reconci- liado! O Dios, los hombres no pueden dar un nom- bre 4 este amor, porque es el heroismo de vuestro corazon divino. Entre tanto jeémo apreciarémos esta amistad de Jesucristo? ;O necedad humana, que prefiere la amis- tad del mundo 4 la de Jesucristo, tan gratuita, tan misericordiosa, tan inefable y tan beatifica! Mas ta, alma mia, si alguna vez has oido las quejas amorosas del amantisimo Jesus por tu mala correspondencia, no permitas que te las dirija otra vez y vuélvete 4 él, que es tu verdadero amigo, pues murié por ti, te persigue con su amor, te ayuda en los peligros, te consuela en las angustias, enjuga tus ldgrimas, — 2 Rom. cap. 5. v. 10. \
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