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cias terrenas por estiéreol por ganar 4 Cristo:! ni la codicia y la ambicion se ensefiorearan del alma, que no desea poseer mas que 4 Dios: ni la soberbia 6 la 7 ira alteraran al que suspira por ser como Jesucristo manso y humilde de corazon. Solo Jesucristo nos ha podido librar de las dolencias de la culpa, y solo si- | guiendo las prescripciones que nos ha dado, nos con- servaremos en Ja salud una vez adquirida,y nos ro— busteceremos en ella. . ‘Considera, pues, alma cristiana: cuales son los es- fuerzos que has hecho para observar cuanto Jesucris- . to te prescribe con sus palabras, y te anima 4 seguir con sus ejemplos. Zodavia no has resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado, * y sin embargo i. Jesucristo te se presenta cubierto de llagas causadas | por una flagelacion horrible, coronado de espinas, clavado en un madero, y derramando su sangre por . librarte de tus culpas, y darte las gracias con que le | imitases en la crucifixion de tu carne con sus vicios y concupiscencias. Piensa lo que entrafia esa union ntima que vas 4 tener con Jesucristo al recibirlo, = seas como el sarmiento, que unido 4 la vid =~. a fruto delicioso, y no te veas separado de ella, pues te enfermas y pereces. ;Ah! Bien claro nos lo ensefia el mismo: morad en mi, dice, y yo en vosotros, porque nada podeis hacer sin mi. s Y j;¢e6mo tendre- mos vida y vigor, si no estamos animados con la vi- ag da y el vigor de Jesucristo? O Jesus mio, el mayor ; mal que puede sucederme, es el separarme de vos que sois el camino, la verdad y la vida: viviré, Se- fior, en vos, observando vuestros preceptos, y viviré ; Philip. cap. 3. v. 8.—? Heb. cap. 12. v. 4.—% Joan cap. 15. v. 4. > *

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