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— 129 — de vos mismo, imitdéndoos en todas mis obras, y re- cibiendo vuestra gracia para perseverar en el bien hasta la muerte. ' DESPUES DE LA COMUNION, z esucristo nuestra medicina en la Eucaristia. Y sus frutos servirdn de comida: y sus hojas para medicina. Ezeq. cap. 47. v. 12. PUNTO PRIMERO. Que Jesucristo sea la medicina de nuestras almas nadie puede dudarlo, habiéndonos dicho él mismo, e él es la resurreccion y la vida: 1 y que la cura- cion de nuestras enfermedades sea no solo infalible, sino instanténea con la aplicacion del remedio que él nos depara en si mismo, lo demuestran los efectos portentosos que obraba en las dolencias corporales el solo tacto de la orla de sus vestidos, habiendo basta- do para extirpar radicalmente y en un instante una enfermedad de doce aiios. ¢ Mas, si el solo tacto pro- ducia en los cuerpos efectos tan asombrosos ;cudles no serfn estos en el alma de quien lo recibe? Porque Jesucristo “es melodia en los oidos, miel en los. “bios, jabilo en el corazon, y medicina en el alma: ‘‘y cuando entra en nuestros corazones, huye de ellos ‘*todo torbellino, vuelve el tiempo sereno,y se respi- “ra de la muerte 4 la vida.” s ;Ah! ;Cémo penetra- 2 Joan. cap. 11. v. 25.—* Math. cap. 9. v. 20.—* S. Bernard. serm. 15. sup. Cant.
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