BCCPAM000342-8-20000000000000

a tos acudieron 4 él con fe, dejé de obtener la salud erdida; y sucedia casi siempre que se unia al resta- Finblniionts de la fuerza corporal, la curacion de las enfermedades del alma: pues en las acciones de la humanidad ocultaba Jesucristo las de su divinidad y junto con las operaciones visibles ejecutaba otras in- visibles. No es menor la fuerza y virtud que este médico celestial descubre desde la Hatdcists, ni ha dismi- nuido en é1 aquella ternura amorosa con que recibia & los que se le acercaban cuando trataba con los hombres en carne mortal: porque si entonces pasé haciendo bien d todos, y sanando d euantos eran opri- midos del diablo, 1 ahora est& en medio de nosotros para preservarnos del contagio de la culpa y para sa- narnos de ella, si tenemos lu desgracia de cometerla. Pero considera que este médico divino hizo un viage trabajoso por venir 4 curarte, pues descendié del tro- no de su infinita magestad, y se abismé en tu nada, por consiguiente ae te pertenece 4 ti elir 4 uscar con humildad 4 tu médico é implorar su am- paro, si quieres curar de los males del alma: pues aun cuando salian de Jesus tantas virtudes, no con- siguié ninguno verse libre de sus padecimientos, si no pedia el favor con fe, y reconocia con humildad que aquel médico lo podia todo. jAb! ;Quéotro médico sino Jesus podré dar la sa- Ind 4 nuestras almas? Queriendo este Sefior benig- nisimo mostrar aquella caridad con que busca 4 los hombres, entré un dia en un parage donde yacian muchos enfermos, y preguntando 4 un paralitico si 7 Act. cap. 10. v. 38.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz