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— 122 — mana, quedando su alma al mismo tiempo no solo blanca y pura como la nieve, sino fortificada para resistir 4 los impetus de las tentaciones, y abrasada toda en amor de Dios, y dispuesta 4 perder mil ve- ces la vida antes que cometer el mas ligero pecado con advertencia. Porque, siendo dificil que dejemos de caer en culpas leves, y perdiendo siempre en ellas un poco de amor de Dios, si las cometemos con ad- yertencia, al recibir dignamente la sagrada Eucaris- tia repararemos los ardores que habiamos perdido en el fuego divino, encontrando en esta refeccion no solo la remision de las fultas pasadas, sino el preser- vativo para las venideras. 1 {Qué vestidura tan blanca de inocencia ha de cu- brir al alma que tiene la dicha de recibir 4 Jesucris- to! ;Qué fortaleza de 4nimo ha de tener para resistir 4 los enemigos, y con qué vigor ha de pelear contra ellos! Comié el profeta Elias este pan en figura so- lamente, y le dié fuerza para andar cuarenta dias con sus noches hasta Uegar al monte de Dios. : Lo han tomado muchas almas en la Santa Iglesia, y era tanto el vigor que recibian, que hasta echaban en olvido los manjares corporales, y pasaban meses enteros sin tomar alimento. Considera por tanto, no ya estos efectos que la santa comunion causaba en estas almas, sino el porqué de estos admirables re- sultados para que aprendas en ellos cual ha de ser tu tenor de vida. Habian estos santos comprendido cudnta es la suavidad de esta comida, y huian de de- leitarse en las cosas terrenas, mirando con horror el consorcio de aquellos, que serdn victimas de la des- cae. Rom. de Euchar. cap. 4. n? 52.— 3. Reg. cap. 19. v. 18. ¥

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