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Fray Marcelino de CASTELLVI sajados, profundamente impresionados y con relaciones de compa- drazgo contraídas con distinguidas familias de la. capital de la an- tigua Gobernación. (Cf. CUERVO, op.cit. en Bib. Seg. Col., IV, p. sobr e Yuríes, V. índic e). Dichos aborígenes hablan lengua propia llamad aYurí y for- maba hasta diez dialectos , que hasta hace poco se clasificaban .como familia aparte. Modernamente LUOKOTKA los incluye en la fami- lia lingüística KARIBE como grupo de idiomas mezclados con lenguas de las fams . ARA WAKO y TUKANO. . Pueden consultarse abundantes fuentes lingüísticas y etnográ- Iicas respecto a los YurÍes en el Centro CILEAC ,donde se editarán o- portunamente, junto con el estudio relativo a su supervivencia en Colombia que hasta el presente no pasa de probable, 'pues las tenta- tivas efectuadas hasta hoy para encontrar su paradero han sido in- fructuosas (Cf. CASTELLVI, Manual cit.en Bib. O. F. M. Cap., p. 17-18). No obstante hasta mediados del siglo pasado (1851) el Pbro . M. M. Ramos contaba unos 600 Yuríes co no uno de los "datos bas- tante exactos" que él incluye en.el Cuadro estadístico publicado por CUERVO , A. B. (cit. en IV, p. 501) Y los clasificaba como "de carác - ter pacífico y belicoso" y.dedicados a "sacar Zarzaparrilla". Diez años después (1861) PEREZ (cit.en Sib. Segl . Col., 1, p. 315) edita unas estadísticas indígenas, no sabemos hasta qué punto . de fuentes exactas , según las cuales los Yuríes llegarían a 900, o sea habrían aumentado unos 300 o bien habrían sido contados o no con mayor precisión. En el Brasil hay unos pocos Yuríes que por lo menos son más visibles y que según suponemos constitu yen una consoladora super - vivencia que perpetúa monumentalmente el recuerdo de los sudores apostólicos prodigados entre sus antepasados por los mercedarios re- colectas. Frutos: Además de la conversión de muchos infieles, conside- raban los misioneros .rnerc edarios como un éxito de proporciones vo- luminosas y de alcance no fácilmente imaginable ,el haber podido e- fectuar, en tan remotas y enmarañadas regiones y entre indios tan nómadas, la organización de'dos "competentes puebl os" llamados Ra- món Nonato y Nuestra Señora de la Asunción (Cf. MONROY, publica- ~ ciones del doc. 63 cit.en Bib. O. de M.) según carta de los Merceda- riG'G~ '§'. Francisco Delgado y Manuel Arias. Estas dos reducciones mercedarias corrieron la misma suerte que casi la totalidad de los pueblos antiguos del río Putumayo. Fue- ron desapareciendo uno tras otro por las causas que se mencionan al hablar de las dificultades de la obra misionera en tan inhóspitas re- giones mientras no han sido donadas por los elementos de la mo- derna civilización. Otro fruto espiritual de la Misión Mercedaria fué el glorioso martirio de uno de sus misioneros, el Hno. José Molineros. (Cf. MON- ' ROY, carta cit.) -497
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