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modestia y compostura, sin permitirse la más ligera expresión no mal sonante, smo menos digna. En su trato con las gentes en la portería era amable, pero con dignidad, y todo su porte y la exore– sión de su rostro da-ba la impresión de ser alma exquisitamente- de– licada en su pureza.» (Padre Abel de Bilbao.) <~Fray Saturnino, a pesar de su juventud y del poco tiempo que llevaba de vida religiosa, era en gran manera piadoso, muy obser– vante, sencillo y devoto de la Virgen.» (Padre CándUJ.o de Viñayo.) «Cuanto se diga de su fervor y piedad es poco. Con otro her– mano joven como él andaba a porfía santa a ver quién de los dos se acordaba más veces de Dios y quién hacía más jaculatorias du– rante el día. También se destacaba en él una devoción verdadera– mente filial a la Santísima Virgen Maria. Del propio modo se dis– tinguía por su ·Caridad y por el respeto y lo servicial que era para todos los reUgiosos. Fray Saturnino era una alma de Dtos en todo el sentido de la palabra, y de gran placidez interior y exteriormente.» (Padre Aurelio de Pereña.) <<Fray Saturnino era fiel observante de las reglas y de los votos; andaba siempre con la sonrisa a flor de labios. Cada vez que le tra– taba me daba la impresión de que era un alma que amaba mucho a Dios y a la que Dios mucho amaba. Era, en fin, una de esas almas como que nos acercan a Dios con su trato y con sus ejemplos. »M~entras estuvo dentro de la Orden Capuchina, el siervo de Dios se disting.uió por la solicitud con que cumplía todas las reglas; las tenía en tanta estima que, en su cumplimiento, era casi hasta escrupuloso. Referente al voto de castidad, no cabe decir que llegara al extremo, porque en la práctica de la virtud entiendo que no caben extremos, pero si que se cuidaba muy mucho de cumplir con sus exigencia:s; y así jamás se le vió que se dejara llevar de afectos particulares en su trato con nadie, y que se cuidaba muchísimo en el trato obligado que pudiera tener con otras personas, singular– mente del otro sexo. Vivió asimismo la pobreza seráfica de verdad y con sumo rigor, pues pudiendo disponer de algunas cosas sin que– branto del voto, se privaba de todo. Fué también modelo de humil– dad, y ·se le veia practicarla con agrado, especialmente pidiendo permiso a los Supeqores en las cosas aun más insignificantes. Cuan– do en ciertas ocasiones pesó sobre él alguna desazón o alguna con– trariedad, repetía: «Todo por Jesucristo, que mayor recompensa será la que El me tiene preparada en el cielo.» (Fray Sabino de Quintanilla.) 377

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