BCCAP000000000000138ELEC

hermano. El mismo se lo contó a los otros religiosos cuando a él también le nevaron al Orfanato Nacional de El Pardo. El padre. Ludovi.co de !Pesquera, que era uno de los detenidos por los mili-. cianos, cuenta por escrito el episodio de la manera siguiente: «Los– milicianos le persiguieron a tiros, y al cogerle le amenazaron con pegarle un tiro si no blasfemaba. Mas él respondió: cMátenme~ pero yo no blasfemo., Esto se lo oi yo mismo referir a fray Gabriel cuan– do nos reunieron a todos los religiosos de la comunidad en el Orfa– nato Nacional del pueblo de El Pardo, ya arrojados del convento. El mismo hermano nos refirió que antes de mandarle blasfema~ estaba temblando de miedo. Pero que después de haber respondido. cMátenme, pero yo no blasfemo», se le quitó todo el miedo.» Los milicianos que detuVieron al siervo de Dios, no cabe la menor duda que le ultrajaron ya entonces con palabras soeces, máxime. viendo que se negaba, aun ante la amenaza de muerte, a pronunciar palabra irreverente e injuriosa contra el Señor y las cosas santas. Pero matar no le mataron, sino que le condujeron primeramente al Orfanato, luego a los calabozos de Transmisiones y, por último, a la Dirección General de Seg.uridad, soportando los mismos sufrimien– tos, el mismo calor asfixiante, la misma sed y hambre, las. mismas incomodidades e idéntica incertidumbre que sus hermanos de hábi– to, como él perseguidos, encarcelados, amenazados de muerte y so– metidos a doloroso calvario. Fray Gabriel, al igual que los otros religiosos, no había cometido ningún delito. Sólo por ser religioso se le perseguía. Pero, al parecer, en la Direcci.ón General de Seguridad no todos habían todavía clau– dicado por completo y, en consecuencia, decretaron la Ubertad del siervo de Dios, como la de sus hermanos en religión, el día 25 de julio del mismo año 1936, rtesta del glorioso Patrono de España, el Apóstol Santiago. VI En varios retugios.-Vagando por el monte de El Pardo. Condenado g. muerte por el tribunal popular. Puesto en libertad el siervo de Dios, buscó su primer refugio en el honorable hogar del doctor Ubeda, gran bienhechor, sobre todo como médico, de la comunidad de El Pardo. Alli permaneció sola– mente hasta el 5 de agosto, en que tuvo que abandonar la acogedora mansión a causa de los constantes registros, ya que en alguno de ellos podía fácilmente ser descubierto, identificado como religioso y, de consiguiente, asesinado 319

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz