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V El 21 de julio.- «Mátenme, pero no blastemo.YJ -En el asilo de huérfanos y en los calabozos de Transmisiones. En la Dirección General de Seguridad.-En libertad. Desde principios de enero del año 1912 hasta el 21 de jul~o de 1936 formó parte de la comunidad del convento de El Pardo fray Gabriel, dedicado, como ya han visto los lectores, a la oración y al tra– bajo, llevando vida, si se quiere, monótona, durante veinticuatro años, pero cargada de méritos en la presencia del Señor. Mas este vivir tranquilo y sereno fué perturbado por la revolu– ción y persecuc¡ón marxista, clavando sus garras sangrientas en el pacífico convento-colegio de El Pardo en 21 de julio. Ya en notas· anteriores biográficas, y especialmente en las del padre Superior de aquella pacifica morada, quedan consignados los atropellos y la amarga odisea que tuvi-eron que soportar y correr los niños seráficos y los religiosos que constituían aquella comunidad en tan aclagos momentos. Por eso sería completamente inútil' repetirlos aquí' otra vez. Pero hay en fray Gabriel algún episodio personal que no pode– mos ni queremos omitir. Todos los religiosos del convento se presentaron a los milicianos en la portería, menos el padre Carlos de Alcubilla, que se evadió saltando las tapias de la huerta, y fray Gabriel, que siguió idéntico procedimiento. ¿Se encontraba en aquellos momentos de bárbara invasión en la huerta atendiendo a alguno de s;us menesteres coti– dianos, o corrió hacia ella y en dirección de las tapias al enterarse de los atropellos que estaban comettendo los filocomunistas? No he podido averiguarlo. Pero no es el lugar en · donde se encontraba cuando emprendió la huida lo que interesa, sino el hecho de que una vez saltada la tapia fué descubierto por algunos de los asal– tantes, y aunque él marchaba hacia el monte a campo traviesa, sin embargo le alcanzaron, le detuvieron, le encañonaron -con armas contundentes y le dijeron : «0 blasfemas, o te pegamos ahora mismo un tiro.>> Fray Gabriel respondió resuelto : «Mátenme, hagan de mí lo que quieran, pero yo no blasjemo.» ¡Hermoso exordio para empe– zar el martirio ! Fray Gabriel, ·como es de suponer y era de esperar no blasfemó, sino que con gran fortaleza aceptó ya en aquellos amargos momen– tos la muerte a honra y gloria del Señor, por ser religioso. El efecto de la valiente negativa fué quitar por completo el miedo al buen 318

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