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VII Fray Alejo, en Gijón.- Heroico en todas las virtudes. Amante de la modestia.-Detenido por los marxistas. En la Comisaría y en la Residencia-cárcel.-La palma del martirio, corona de• sus virtudes. Tres afí.os aproximadamente permaneció el siervo de Dios en el -convento de León, sin decaer lo má.s minimo del estado de perfec– ción y santidad que había practicado en los otros conventos: siem– pre modelo de todas las virtudes y ejemplo vivo de observancia re– gular, de laboriosidad, de ardiente y práctica caridad. El año de 1934 fué trasladado a la villa de Gijón, donde seguirá el m1smo camino hasta coronar sus virtudes con la del martirio. c:El afí.o de 1934 fui nombrado guardián del convento de Capu– chinos de Gijón, y desde el 29 de agosto del mismo año hasta el 21 de julio de 1936, en que los rojos nos apresaron juntos, volvi a conv1vir con fray Alejo; él, en calidad de súbdito, y yo, de Superior. En este tiempo ejerció los cargos de portero, de sacristán... , desempefí.án– dolos como todo lo que se le confiaba. Como Superior primerizo, inclinado al rigor, al menos para con los demás, j de cuántos defec– tos no adolecería mí gobierno! Con todo eso, fray Alejo no ten.ia más voluntad que la del Superior. Nunca vi en dicho hermano el menor defecto y si toda clase de virtudes. Le tuve siempre por un g.ran santo. Que no dudo que practicó siempre en grado hetroico las virtudes de la Fe, Esperanza, Caridad para con Dios y para con el prójimo; la obediencia, la pobreza, la castidad, la penitencia, la mansedumbre, la laboriosidad, la mortificación, etc.» (Padre Ma– nuel de Hontoria.) «Cierto día, cuando contaba doce o trece años, me presenté en la portería con un vestido bonito, y apenas tenía escote. Al verme fray Alejo, que era portero, me dijo: «El vestido es muy bonito, pero llevas mucho escote; ven que te pongo un alfiler.» Y dicho y hecho, me puso el alfiler, afí.adiendo: c.Si de pequefí.a te acostum– bras a andar así, de mayor vestirás menos modestamente.» Como yo le aijera al padre Superior que me parecía realmente modesto el vestido, en presencia de fray Alejo y el mismo padre lo afirmara, fray Alejo no cambió de actitud, probando con este hecho cuánto amaba la modestia cristiana. Todavia lo recuerdo como si fuera hoy mismo.» (Maria Rodriguez García.) Al estallar el Movimiento en Espafí.a, y triunfantes las hordas 285

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