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g.ioso en cuanto llegó a la bodega número 4, sin arredrarse de mani– festarlo ante los mismos milicianos que nos custodiaban. Yo saqué el pleno convencimiento de que el padre Ambrosio era un perfecto sacerdote y reltgioso: era un santo. Siempre le noté muy piadoso, pues rezaba con frecuencia. Con lauda·ble celo fomentaba también la piedad entre los detenidos, rezando el santo rosario todos los dias. Los sáoodos se le veia leer y tomar apuntes para preparar la homilia, que nos predicaba todos los domingos, haciéndonos aplica– ciones prácticas muy provechosas para la hora en que vivíamos... Si los detenidos le pedíamos confesión, inmediatamente con toda presteza nos atendía. Quiso el padre Ambrosio que celebráramos con piadoso reg.ocijo la noche de Navidad. Para ello se ofreció él mismo a despertarnos a todos a las doce, como así lo hizo; nos habló del misterio del Nacimiento, oimos espiritualmente la misa del Gallo, cantamos en voz baja algunos villancicos y saturamos nuestro espí– ritu cuanto nos fué posible de los consuelos que en los corazones creyendes dejan estos santos misterios.:) (César Hermosilla Aizcorbe.) «Un día del mes de noviembre del año 1936 le vi bajar a la bode– ga número 4 del barco-prisión Alfonso Pérez, en calidad de preso, como estábamos los demás, por el solo hecho de ser sacerdotes, ca– tólicos o personas de orden y amantes de Dios y de España. En la bodega se rezaba el santo rosario todos los días en distintos grupos, presididos cada uno de ellos por algún sacerdote. Por la referida bodega corría de mano en mano un librito que se titulaba Evange– lios concordados del doctor Gomá. Por este libro predicábamos al– gunos sacerdotes varios domingos el Evangelto a un buen número de presos que deseaban oír la palabra de Dios. Después que entró el padre Ambrosio en la referida bodega, él fué el encargado de la predicación, por tener más dotes oratorias; y lo hizo dos o tres domingos, hasta el 27 de diciembre, día de la terrible matanza.:) ·(Presbítero Victoriano Morante Vélez.) «Estando yo ya en el barco-cárcel, llevaron también al padre Ambrosio a la misma bodega número 4; en ella convivimos hasta su muerte. La conducta del padre Ambrosio en el barco fué admi– rable por su piedad, por su serenidad, que no perdió en ningún mo– mento; por la caridad con los demás detenidos, a quienes procuraba hacer participantes del optimismo de que él siempre gozaba. En ningún momento ocultó su carácter sacerdotal. Procuró en la cárcel fomen tar el espíritu de piedad entre los detenidos, rezando el santo rosario en algunos grupos, enseñando, predicando y animando a lle– var con resignación cristiana las penas. Le oí decir, y después de su muerte, dentro y fuera del barco, oi también a otros, que el padre Ambrosio había compuesto en la cárcel un via crucis en conformi- 16(

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