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Son muchos los supervivientes que estuvieron presos con el padre Ambrosio en el barco, no pocos de los cuales han relatado por -es– crito el comportamiento del siervo de Dios durante el cautiverio, Voy a trasladar los testimonios de algunos a estas páginas para edi– ficación de los lectores. «Durante el tiempo de nuestra prisión traté íntimamente al pa– dre Ambrosio y pude notar que era un perfecto sacerdote y religioso, conceptuándole yo y los demás que con él convivimos un verdadero santo. Desde que entró en el barco se declaró sacerdote y religioso Capuchino, no sólo ante los que estábamos presos, sino también ante los mmcianos que nos custodiaban, cuando nos preguntaban a cada uno nuestro estado o profesión ... El padre Ambrosto manifestó en todo momento ser religioso piadoso, pues con frecuencia se le veía rezar y procuraba sostener la vlda cristiana en los demás detenidos. Todos los días nos rezaba el santo rosario; confesaba con diligencia a los que se lo pedían. Los domingos, como era imposible oír misa, procuraba que la oyéramos espiritualmente. Los sábados, sentado en el número que le correspondía en la «Caraba», leía y tomaba apuntes para predicamos la homilía el domingo, que nunca omitió, sacando luego conclusiones prácticas para fortalecemos con la re– signación cristiana en aquellos días trág.icos que estábamos viviendo. >>En uno de los días de nuestra permanencia en el barco-cárcel, se cayó uno de los detenidos desde la bodega número 4 al «SOllado» (•parte baja en el fondo interior del barco), y le creímos reventado, porque arrojaba sangre por la boca. Entonces dijimos algunos ca– balleros al padre Ambrosio lo que pasaba. El, entonces, dijo: «Bajo ahora mismo», y así lo hiZo, edtficándonos grandemente a todos, ya que este acto era confesarse nuevamente sacerdote ante los mismos perseguidores. Mas los caballeros no esperábamos nada menos, so– bre todo del padre Ambrosio.» (Jesús Hermosilla Aízcorbe.) «El padre Ambrosio, o Alejo !Pan, se presentó desde el primer mo– mento en el barco-prisión como sacerdote. Nos dirigía los rezos, confesaba con la mejor voluntad a los que se lo pedían; nos rezaba el rosario; nos hablaba frecuentemente de llevar con resignación cristiana los sufrimientos morales y fístcos. de aquellos momentos dolorosos y trágicos. Sus palab-ras fueron siempre de optimismo, alen– tando nuestra esperanza de que todo había de terminar a favor nuestro. Que él ofrecía sus oraciones y la propia vida a Dios por nosotros. Y que, caso de morir asesinados, seriamos mártires e íba– mos al cielo.>> (José Bustam(Lnt·e Hereña.) «El comportamiento del padre Ambrosio en el barco-cárcel fué ejemplarisimo para todos. Nos rezaba el santo rosario, nos predica– ba, nos enseñaba salmos de penitencia, tales como el siguiente que 165

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