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gar. Sin reloj no atinaba la hora, y tanto tanto madrugaba que en una ocasión se levantó a las doce de la noche. Contento estaba con mi reloj. Pero este día nos sorprendió la llegada de los "amigos" en el mo– mento en que estábamos limpiando unas lentejas. Huane revisó mis bolsillos y luego los del cocinero, y como le encontró el reloj, se lo lle– vó. Simón Bolívar Gaybor, preocupado de que se perdía mi reloj, pen– só que se ablandarían con súplicas y ruegos, y les siguió por el cami– no. Los Huaorani le esperaron como para atenderle, pero entre tres le tumbaron y le sacaron las botas puestas, como aviso para que no si– guiera molestando. Descalzo y cabizbajo, regresó mi gran compañero Gaybor. Quisimos endulzar la vida tomando un café; pero también se nos habían llevado todo el azúcar. Otra trastada de mi amigo Huane en este día: Yo vestía una cami– sa gris, regalo de las Hermanas Lauritas de Coca. Hasta este día no les había atraído este color, pero Huane comenzó a pedirme que le entre– gara la camisa. Como otras veces que me habían respetado, le dije amablemente: - faenamai; aruqui (No la lleves; tengo sólo ésta). Parece que no le gustó mi negativa: refunfuñó unas palabras y, en un santiamén, me rompió la camisa y también la camiseta, rasgándo– melas hasta el sobaco. Días 22 y 23 de agosto. El domingo 22 lo pasamos tranquilos, sin molestias de visitas. Por la noche celebramos la Misa. El día 23 fue el señalado para el "trasteo" a otro nuevo helipuerto, a cinco Kilómetros hacia el Norte, alejándonos más de los caseríos Huaorani. Mi tiempo también había terminado; sobre todo, porque se espera– ba que ya no vendrían tanto los Huaorani, más que por .la distancia porque había que pasar un río bastante considerable. Al mediodía me trasladó el helicóptero a Pañacocha, y al día siguiente, invitado por la Compañía, viajé a Quito en avión para exponer a Monseñor cómo es– taban las cosas. En el entretanto, el P. José Miguel se dirigía por el varadero de Pa– ñacocha hacia el río Aguarico, con un joven guia. Pero se perdieron y regresaron, ya bien entrada la noche, después de haber experimentado una furiosa tormenta en la selva. 29

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