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iiss is M. stk Sai i a eran. Fl mal Satie es un maestro terrible y formidable en su dialéctica: pero si el que lo da ocupa alguna prominencia enla sociedad, tiene la funesta propiedad de persuadir a todos los que estan mas abajo que él, aque lo imiten. No hay que apelar 4 las palabras de Jesucristo, para probar los males que él es- candalo de los grandes ocasionaa los que lo ven, pues hasta los filésofos paganos condenaron los excesos de los principes, mas que por la fealdad de la aceion en si misma, por los perjui- cios sin cuerito que de ahi resultabanal pueblo. Estos perjuicios se refuniden, por decirlo asi, en dos: en no poder el principe reprender al malo,y en la perversion de la muchedumbre, que al ver la maldad cubierta de purpura y orlada de diadema, arguye al momento, que puesto que el principe hace una cosa, bien puede hacerla ella. Este argumento es eae los pueblos de una fuerza irresistible. Hemos recorrido los hechos, que demuestran la adopcion de los principios del protestantismo por imuchos falsos politicos de las naciones catdlicas , y por no pocos monarcas inducidos a ello por consejeros poco escrupulosos en materias relativasa bienes de la Iglesia. Tambien hemos referido las doctrinas des- tructoras del racionalismo, tocante a los principios de justicia reducidos por los maestros del error 4 la fuerza material. He- mos visto, ademas, que los soberanos de estos ultimos tiempos se han aprovechado de estas lecciones del nuevo derecho, para llevar 4 cabo empresas infcuas , cuales han sideel despojo vio- lento de principados agenos cuyos poseedores legitimos tenian por apoyo la ley y el derecho, pero sin conlar con fuerzas bas-
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