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— 429— los hombres la unidad de voluntades, Recorrerémos esta mate- ria en todas estas fases, y para demostrar lo que decimos, em- pezarémos por examinar lo que es la verdadera internaciona- 0 ae ‘ 3 Ged, nat ‘Las dos. inlernacionalidades. La union de los corazones en una misma idea santa y en una misma voluntad, es la obra mas admirable del poder divino, - que lleva todas las cosas 4 su fin con fuerza y suavidad. En esa union concurren muchos agentes , todos libres , y tambien con- curre Dios sin violentar entre tanto la accion de nadie, y sin que la union pueda verificarse sin la accion de Dios. Al examinar la creacion del hombre, lo primero que salta al espiritu, es el pen- sar que cuanto Dios dijo al hombre recien criado, se dirige a establecer un principio de union entre él y sus semejantes. Desde que Dios crié al primer hombre, dandole el precepto de amar a st préjimo como a si mismo, instituyé, no una interna- cionalidad, sino una interuniversalidad, que consistia en que todos los hombres viviesen unidos entre si con los vinculos de la caridad. : El pecado del mismo primer hombre, inficionando a todo el iinage humano, fué el obstaculo. que se opuso 4 que se for- mase esa union santa de los corazones: formaronse, andando los tiempos, naciones, pueblos é imperios, yendo cada cual por sa camino y mirandose miituamente todos ellos con recelo y aversion. Olviddse la verdadera nocion delo que es el prdjimo, y llegaron los hombres a persuadirse de que este nombre noera absoluto sino relativo : el grande era prdjimo para el grande, el sublime para el sublime, el pobre para el pobre, el amigo para cl amigo, y nada mas. Hasta en el seno del pueblo esco-

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