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onsctilRt ai puesta estaba en el libro de un Profeta ‘; cité Satanas una sen- tencia de los-Salmos, para inducirle 4 que se arrojase desde la mayor altura del templo, y Jestis se negé 4 hacerlo, diciendo al tentador , que Dios prohibia eso en su ley *. — Gran aprieto fué este para Satanas: Cristo no hacia el ut gro que le proponia , ni queria tampoco echarse del templo aba- jo; Cristo no le respondia que fuese hijo de Dios , no obstante que, a su parecer, lo habia puesto en el caso de salir por su honra ; el diablo crey6é que habia !legado el momento de mostrar lo que él mismo era. Era él, quien en el cielo ambicioné los ho- nores dela divinidad, y arrojado deél, estaba haciéndose ado- rar como Dios en la tierra, en cuantos idolos habia introducido - él mismo : creyendo que Cristo no era lo que él habia sospecha- do, le descubrié sus pretensiones , precediendo a ello la mentira, ' pero una mentira, con la cual quiso persuadir a Cristo, a quien suponia puro hombre, que él era Hijode de Dios. Meditese en esas palabras y en las ultimas que profirié Satanas, y se-vera allamente proclamada en ellas la civilizacion moderna, la civi- lizacion que tiene por base el orgullo, y por fe la satisfaccion de la concupiscencia. — - En efecto, Jesucristo se dejo vesleier a un ment inate donde el tentador parece que estaba satisfecho de su obra em- pezada: veianse desde aquella allisima prominencia naciones, reinos y ciudades, y el demonio mostraba l s glorias , los ho- nores , y los bienes que abundaban en su vasto recinto: y en- sefiando a Cristo ese magnifico espectaculo, le dijo que todo aquello era suyo, porque se le habia entregado, y que disponia de todo a su voluntad y lo daba ad quien queria *, aplicandose 4 si mismo aquellas palabras que David pone en los labios de Dios hablando con su Hijo, que dicen asi: .7u eres mi hijo; yo ' Dani. cap. LXXX. v. 3. * Deuter. cap. VI. v. 16, & Lue. cap.Iv. v. 6,

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