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ati i su entendimiento, no pueden detenerse alli, porqueal momento saltan al corazon , 4 la parte sensitiva de la misma alma, y la corrompen, inclinandola 4 lo aseuwi a lo seaaua? a lo pura- mente material. Esta desviacion es muy natural y muy ébvia, apénas se aparta el hombre advertidamente de la luz dé la verdad y la deseeha. Hay en el hombre dos caminos para llegar 4 la in- eredulidad y al aleismo practico, pero uno de ellos es mas corto que el otwe: los extravios del corazon, es decir, la caida en esos pecados que se llaman justamente de miseria, no con- ducen inmediatamente a ese extremo, pues aunque el hombre pierde en ellos !a caridad , no pierde la fe y la esperanza : pue- den, si, ser tamrepelidos , que encallezcan la conciencia, endu- rezean el alma y la hagan caer en un olvido total de Dios, de sus beneficios, de su misericordia y sw justicia, y por consi- guiente, hasta pueden conducir 4 la ineredulidad y desespera- cion final. Este camino aparece algo argo: pero no sucede asi con los pecados: que provienen del orgullo , porque estos son pecados satanicos y se engendran en lo mas precioso y sublime del alma, que es la parte superior, la puramente espiritual , no la sensitiva. Una vez que el espiritu se levanta contra Dios y eon- tra la auloridad de la Iglesia, y la resiste con econtumacia, no tiene que dar um paso mas para llegar ala impiedad, pues se planta.en ella al primero: pero la caida alo material , es: decir, al desarreglo de costumbres, a la sensualidad y 4 todos los vi- eios carnales es subila, porque el hombre que resiste 4 Dios y no quiere creer en 61, noencontrando ya en Dios, que es el bien sumo, su felicidad, se precipita & buscarla en lo que tiene mas inmediato , en la, materia. No hay necesidad, de demostraciones tomadas de la expe- riencia para probar lo que decimos, euando el protestantismo nosJo dice en su mismo nombre y en la conducta de sus auto-

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