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— 398 — guas y dolosas, no ingiriéndose en lo interior del reino ajeno por medio de intrigas perversas , no abandonando 4 sus her- manos en los peligros , no declarando guerras injustas y mucho meénos con fraude 6 hipocresia, y por fin portandose los reyes entre si de (al'manera, que sean todos juntos como un grupo de columnas de precioso marmol, que sostengan el gran edificio de la sociedad, y conserven inedlume el principio de autoridad. Son, por tanto, los reyes los custodios del derecho aie y te gentes , asi como son sus defensores natos. - Esto es lo que dicta la razon natural, y esto mismo nos en- seha Ja revelacion, pues consta por los sagrados libros, que para esto ha dado Dios 4 los reyes el poder , para ser los pro- tectores de su pueblo y los defensores de la justicia y del dere- cho. Pero ha venido el protestantismo , que inoculé en muchos de ellos el deseo de innovar las tradiciones antiguas; despues se presenté el jansenismo , que los Hené de ilusiones, y por fin, se ha dejado ver el racionalismo, que los ha empapado en los efluvios de un opio mortal, los ha magnetizado para que sigan — la corriente que él les sefiala, ha puesto una venda en los ojos del entendimiento para que no vean, les ha dicho que tienen que admitir tn derecho nuevo, el de respetar los hechos consu- mados como un principio de derecho piblico y de gentes, y les ha prohibido la intervencion en todo negocio de otra nacion, aunque eaigan sobre ella enjambres de barbaros que la des— truyan, aunque reyes salvages la asalten por todas partes, y aunque sus moradores se deshagan mituamente entre rios de sangre. Y {qué ha sucedido? Que la infraccion del derecho pu- blico baja de los trohos mismos, que habian de sostenerlo con todas sus fuerzas; que las revoluciones descienden de donde no debia desprenderse sino el ramo de olivo anunciando paz , y que alli, de donde no debian proceder sino ejemplos de virtudes ©) Psal. Hv. 44.

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