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ph al mas disciplinas cientifieas que prescriban vanetl de moralidad y honestidad , que los objetos que nos proporcionen acumulacio- nes de riquezas y satisfaccion de todos los apetitos sensitivos. Para el racionalismo, las leyes morales no necesitan sancion divina, ni tampoco que sean conformes las leyes humanas. al - derecho natural, ni reciban de Dios fuerza obligatoria. Estos dogmatizadores del naturalismo ticnen bastante con la ciencia. puramente natural , para ordenar el 6rden social de las nacio- nes, sin que les haga falta para nada ni Dios ni Ja Iglesia. He abi, pues’, la deificacion de la razon humana: he ahi ademas sustituido el derecho eterno é imprescriptible de Ja ra- zon elerna, de la ley y la justicia con el de la fuerza brutal, cual es la pura sensibilidad animal. El derecho consiste, dicen estos blasfemos , inicamente en el hecho material, y todos los hechos humanos tienen fuerza de derecho, pues todas esas pa- labras de deberes del hombre son voces huecas y vanas, que carecen de sentido. La injusticia de un hecho, repiten , si se ve coronado de un buen éxito, no perjudica en nada a la santidad del derecho; porque despues de todo, la autoridad no es otra cosa sino la suma y el nimero de las fuerzas materiales , reuni-_, das para llevar a su fin una empresa ‘. Argumentemos ahora. ;Qué moralidad de ane qué érden en la sociedad, ni qué gobierno bueno puéde haber en los pueblos , cuando se publican estas doctrinas proponiéndolas como reglas de costumbres? Vemos, en efecto, que los reyes son arrojados de sus tronos, y que esos hechos pasan casi sin notarse , lo que se debe al racionalismo, que esta predicando hace mas de un siglo, que es licito negar la obediencia 4 los principes legitimos.y rebelarse contra ellos *. Vemos que per- sonages encumbrados , que hacen profesion publica de honor, * Allocut. Pii P. IX. die 9. Jun. 1862. 2 Epist, encycli. Qui pluribus, 9. Nov. 41846.

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