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—34— poco les presentaba dificultad alguna el saber el origen del hombre, y de los otros séres visibles y sensibles , tan diferen- tes unos de otros en sus instintos é inclinaciones naturales, y tan inferiores todos al hombre por la racionalidad de que él esta dotado, y los otros negados : las moléculas , los atomos y las partes mas sutiles de la materia se combinaron por casualidad, saliendo de este encuentro fortiito esos séres que se mueven, sienten y raciocinan. Tocante al conocimiento de la naturaleza divina , estos espi- ritus fuertes la entendieron segun sus propias concepciones; para unos era aquel Dios de quien nos hablan los amigos de Job al referir los errores de su tiempo, pintandolo como a un ser allisimo que se esconde entre las nubes, no hace caso de las cosas humanas, y se pasea por los polos de la tierra ‘. Mas facilmente que todo explicaban su inmensidad, diciendo que el. mundo entero era Dios, degradando @ este Sefior perfectisimo, sapientisimo , infinito y eterno hasta el grado mas vil y abyec- to: porque el hombre siente en lo intimo de su sentido racional, que él es hombre y no es bestia, ni ave, ni cuadripedo, ni reptil, ni mucho ménos tronco 6 piedra: pero esos espiritus fuertes quisieron que todo fuese Dios, el hombre yel bruto, el tigre y el cordero, el alcon y la paloma, el agua, el fuego, el arbol y el pefiasco. ea Tal fué la ciencia que el protestantismo engendré con sus influencias perniciosas en los propios y en los extrafios, en sus secuaces manifiestos, y en muchos catdlicos emancipados de la autoridad de la Iglesia. Y esas son las escuelas llamadas del materialismo, del deismo y del panteismo, que estuvieron en incubacion en las doctrinas de Lutero, y fueron asomando su cabeza, 4 medida que el protestantismo, con esa actividad ca- racteristica de todos los sectarios para extender sus errores, fue dandolas calor y animacion. — ‘ Job, cap. XXIL. v. 44. A ea ae

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