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- ~ RAZONAMIENTO XI. LA ILUSTRACION a EN SU ARRAIGO. La heregia protestante no podia encontrar pase, para penetrar en las naciones catdlicas, y domiciliarse en ellas. Tenia un nombre demasiado feo, y solo él la repelia. Los pueblos habian sido educados bajo la sombra sagrada del principio de autori- dad, y no entendian lo que era emancipacion; y como la pala- — bra emanciparse no tenia uso, hasta era reputada por voz barbara. Acostumbrados los hombres en general 4 mantenerse encerrados en el circulo dela obediencia, encontraban su di- cha en vivir asi; se’ les dijo que habia llegado el tiempo de la libertad para el entendimiento, y no hicieron caso, como su- cede al pajaro doméstico nacidoy criado en la jaula, y acos- tumbrado 4 vivir siempre en ella; le abren la puerta, y no se sale fuera. Pero ese estado de cosas no habia de durar; con mudar el nombre 4 la heregia, y ponerla uno gracioso,, atrac- tivo y encantador, tenia bastante aquella para encontrar el ca- mine expedito y entrarse por todas partes. Inventdse el nombre, y la heregia fué llamada filosofia. Cualquiera que oye este nombre, cree que la filosofia ‘mo-— derna tiene por objeto la inquisicion de la sabiduria. Hay en efecto una filosofia, y es la catélica, cuyo objeto es ese; pero existe una ciencia, ciencia carnal que se llama filosofia, la cual no es mas que la heregia disfrazada con este nombre, verdade- ramente mas digno de aplicarse 4 una ciencia , que 4una rame- ra de las ciencias , cual es la filosofia impia. La filosofia moder-

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