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a su doctrina y la practiquen ‘. El jansenismo no quiso compren- _ der, ni sus secuaces tampoco quieren hacerlo, que Jesucristo esel soberano del mundo moral, asi como lo es del mundo ma- terial: en lo social, en lo religioso, en lo civil, en el pueblo, en la familia y en el individuo, Jesis ejerce imperio, pero im- perio pacifico, pues ni la sociedad es santa, ni el gobierno es recto, ni ei individuo procede con justicia, si no se atienen & la verdad ensefiada por Jesucristo. Todos son subditos de él, todos le deben ese homenage; y si no se lo rinden, seran stb- ditos rebeldes, pero son siempre subditos. ¥Y ; qué! ;No en- cargé Cristo 4 San Pedroy 4 sus condiscipulos, que mantuvie- sen el imperio de esa verdad hasta la consumacion de los si- glos? Pues ahi esta el imperio de Cristo, ahi esta su reino: esta en este mundo, en medio de la sociedad: y stbditos son de este reino los monarcas , sus consejos, sus senados, sus sol- dados, sus jueces, sus ministros, los inspiradores y confeccio- nadores de sus leyes, y todos sus vagallos; por consiguiente, tiene que estar con ellos y en medio de ellos Cristo representa- do por su Vicario, para dirigirlos y ensefiarlos, para enmen- dar sus fallas, para corregir sus errores, y para maatener incorrupta la verdad, la justiciay el derecho. Véase, pues, si es cierto en el sentido de los jansenistas y los revolucionarios, que el reino de Cristo no es de este mundo. Mayor pervicacia hay todavia en el ultimo texto que cita- ron los jansenistas para probar su proposicion: la tendencia es clara , dar toda autoridad @ los principes, para no dejar nin- guna 4 Ja Iglesia sino en el 6rden espiritual, pero explicado y modificado segun las ideas , que mas adelante iran publicando los mismos jansenistas. Asi, despues de decir que Dics no ha dado al Vicario de Cristo ni 4 la Iglesia potestad sino sobre las cosas espirituales, pero no sobre las temporales y civiles , por ‘Joan. cap, XVIIL. v. 37.

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