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— 239 — ie Apéstol, sino que se acudié & Roma a que la decidiera el su- cesor de San Pedro: y en el cuarto, sabemos que ninguno de los cuatro primeros Concilios generales se celebré, sin que pre- sidiesen en ellos los legados del Romano Pontifice , ni fueron sus decisiones regla de fe y de disciplina para toda la Iglesia, hasta que no fueron confirmados por él; y sabemos que en el Calcedo- nense, reconocieron formalmente todos los Padres el primado de potestad y jurisdiecion del Romano Pontifice en toda la Igle- sia, gritando todos, y diciendo que, San Pedro habia hablado por boca de San Leon. Ni es ménos irrefragable el testimonio de los primeros siglos sobre la celebracion del santo sacrificio de la Misa, y la vene- racion de las reliquias de los santos y et culto de estos; pues San Gerénimo habla de todo eso ', y San Basilio invocaba pu- blicamente la intercesion de los Martires *, y San Agustin refie- rela solemnidad con que el obispo Proyecto llevaba en procesion las reliquias de San Esteban , acompaiandole las turbas de los fieles , y pidiendo & Dios mercedes por la intercesion del proto- martir, y aleanzindolas con el solo tacto de sus reliquias *. iA quién sino a un corruptor de las Santas Escrituras, se le ocurre decir que la celebracion del sacrificio del altar se intro- dujo en el siglo sexto del cristianismo, cuando consta como una verdad incontrovertible, que, en tiempos mismos de los Apds- toles, algunos de estos y muchos obispos fueron martirizados en el acto de estar celebrando el sacrificio de la Misa, y que esto se estuvo repitiendo por los satélites de los tiranos, hasta principios del siglo cuarto? Demencias lastimosas son estas, y no lo es menor, el decir que en las langostas del pozo del abismo estan significados los monjes ; ‘pues enténces hay que deducir, que pertenecieron al ‘Lib. contr. Vigilant. * Homil. de 40. Martyrib. Sebast. > Lib. XXII de civit. Dei. cap. VIII.
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