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= hi — lo consiguen, porque el sentido comun y la conciencia publica se oponen a ello: y aunque, ademas, se destruya lo que se ha- bia edificado bajo la influencia de esos principios, siempre quedan fragmentos imponentes, que recuerdan el edificio de la fe. ; Pero sobre todo, quedaba siempre hecho lo que la Iglesia catélica habia hecho en quince siglos ; y ella misma quedaba en pié, y llena de fuerza y vigor para continuar trabajando en la ilustracion del mundo, y para oponer cuantos valladares fue- sen necesarios contra la accion destructora de la heregia. Lo que habia estado haciendo desde el principio hasta enténces, lo haria hasta la consumacion de su marcha por la tierra. Pues j qué! las heregias tan multiplicadas que empezaron ya en vida de los Apdstoles, y habian ido presentandose en cada siglo, si exceptuamos el décimo , que no tuvo ninguna j no eran otros -tantos arietes demoledores del edificio de la fe? ;No eran otros tantos aluviones , que se querian llevar cuanto la Iglesia habia sembrado sobre la tierra? Pues 4 todo eso opuso la Iglesia sus fuerzas y sus reparos, y el edificio permanecié integro, y la civilizacion continuéd su marcha ascendente, hasta dejarse ver grande, gloriosa y abundante en riquezas de virtud y de saber, al aparecer uno de sus mayores enemigos, el protestantismo. Pero, hay que confesar que, si bien este ménstruo no pudo devorar el verdor de esa civilizacion, ni detener su marcha, consiguié torcer esa misma marcha en una gran parte del mun- do, introduciendo Ja confusion en las ciencias, dando una nue- va naturaleza al principio de autoridad, y alucinando4 muchos de los que la ejercen, como lo verémos en el siguiente razo- namiento. : ! :

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