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= 249 — lencia de ninguna especie, y cooperando a su gracia , se salve. Por eso, no dice el Evangelio, ylos hizo hijos-de Dios, sino que, les did fuerza para poder hacerse hijos de Dios, como lo explica San Agustin ', y lo dice San Juan Criséstomo por estas palabras: gPor qué no dice: y los hizo que se hiciesen hijos de Dios, sino para demostrar , que era necesaria mucha diligen- cia, para conservar puraé incorrupta la imagen que se nos im- prime en el bautismo? En todo y por todo nos manifesta , que ‘no nos fuerza ni nos ere sino sme deja en sus fweros nues- tro libre albedrio *. -Lutero, Calvino y Beza negaron sae etetedia destruye- ron con ella todas las nociones que tenemos sobreel modo de ilustrarnos , y por consiguiente, de civilizarnos. Porque, no hay remedio: la ilustracion no puede concebirse, si no se su- pone que el que se ilustra, parte de un estado de ignoraneia absoluta 6 relativa, y sino se da al mismo sugeto capacidad y aptitud natural, para comprender cuanlo conduce a adquirir la ilustracion , sea mediana , sea completay perfecta. Ni tampoco puede entenderse lo que es civilizacion, si no se supone como principio inmutable, que el civilizado ha de arreglar sus accio- nes con sus ideas, y que éstas lian de ser conformes con los principios, inmulables tambien, de la verdad, de la a y de la rectitud. A todo esto es contraria la doctrina del protestantismo: y por consiguiente, la primera tendencia de éste, al aparecer, fue paralizar la ilustracion, la civilizacion y el progreso, en cuanto habia contribuido & ir sacando a la’ humanidad del estado de ignorancia y barbarie que tenia, cuando Jesu- cristo vino al mundo 4 ensefiarnos los: caminos de la justicia y la verdad. | El hombre sin libre albedrio, para escoger el bien ‘Lib. de Spirit. et littera. cap. 34. 2) Cornet. A Lapip. in Joan. cap. I. v. 12.

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