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— 213— misterio, ni un dogma, ni un precepto, aun de los que perte- necen puramente la ley natural: y ademas, quedaron proscrip- tos para siempre los ayunos, las obras buenas, el recibir los sacramentos , las fiestas, el sacrificio del altar, y establecida — una, llamada religion , en la cual el hombre no tiene que ha- cer nada de su parle para salvarse, por haberlo hecho todo Jesucristo. De tal manera, que se cumplié con toda exactitud entre los protestantes , lo que malamente atribuian los sectarios de Lelio Socino a la santa Iglesia catélica, Hamandola Babilonia. Cantaban estos su destruccion en un verso lafino que, poco mas 6 ménos , dice asi en nuestra lengua castellana : De la antigua Babilonia Destruy6 Lutero el techo , Calvino sus paredes, Y Socino hasta el cimiento. Pero esos hombres se engafiaron: sabido es el epitafio que: Lutero mandé poner sobre su tumba ;oh el fanatico rabioso! Queria no morirse, para estar blasfemando siempre contra la autoridad del Vicario de Cristo: y para satisfacer sus deseos, quiso que sus cenizas yertas lo hiciesen desde la horridez del sepulcro ; desde la mansion pacifica de la tumba, a cuyo tétri- co seno no bajan Jas iras ni las furias, 4 no ser que el muerto fuese Satanas, si Satanas pudiese morir. Decia, pues , asi este epitafio, que solo un Lutero pudo dictar para si: Pestis eram vivens, moriens ero mors tua, Wapa: En vida, 6 Papa, fui tu Pee y muerto, seré tu muerte. El edificio de la fe, de la autoridad, de la gerarquia de la Iglesia catdlica esta hoy en pié, y tan intacto, como cuando Jesucristo lo fund6. Ni Lutero, ni Calvino, ni Enrique el Cruel

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